La guerra popular iniciada en la década de los 80 por el Partido Comunista del Perú, ILA-80, es la esperanza que aún abriga el pueblo peruano. La guerra popular, fue la gesta, la epopeya, que el siglo pasado, en la década de los 90, tras la derrota del PCP, aún no se la logrado recuperar. El PCP, entró en un recodo del cual le cuesta salir. De ese entonces a la fecha, la derecha, con apoyo de la "izquierda", se ha empoderado y ha hecho lo que le ha venido en gana, sobre todo a partir del 2016, en que se hizo del poder, creando una inestabilidad política en todos los sentidos. Una década, 2016 al 2026, periodo en que la derecha gobernó el país desde el congreso corrompiendo al Estado para hacerse de todos sus poderes: ejecutivo, legislativo, judicial, electoral, tribunal constitucional, la defensoría del pueblo, las FFAA y FFPP. Una década por la cual pasaron 9 presidentes, todos ellos puesto allí por esa derecha bruta y achorada representada por el partido Fuerza Popular dirigido por una japonesa, Keiko Fujimori Higuchi. Algunos de estos fueron vacados, otros puestos bajo la modalidad de lawfare. Todo ello para cometer el gran fraude electoral del 12 de abril y del 7 de junio del 2026. Y como si esto fuera poco esa derecha tuvo el aval y el apoyo del gobierno de los EEUU.
Así fue, en las elecciones celebradas en Perú 12 de abril de 2026 y 7 de junio de 2026, se cometió un terrible fraude. Un delito iniciado varios meses antes y con una preparación de algunos años que tomó acaparar, hacerse gradualmente con antelación de algunos poderes del Estado y que culminó con la toma del poder electoral (JNE, ONPE y la Reniec) en 2025. Todo con la intención de perpetuarse en el poder hasta que se desgaste en varias décadas. Sí, todo el tiempo necesario en que ya no queden vestigios, de las pruebas, hasta hacer desaparecer toda huella de los delitos cometidos por la japonesa y sus allegados enquistados en todos los poderes del Estado y hasta que nuevas generaciones de ciudadanos no tengan memoria de lo que cometió el fujimorismo y el partido Fuerza Popular bajo la dirección de la japonesa.
Ahora que están a punto de consolidar y oficializar dicho fraude, la izquierda, esa izquierda, anticomunista, que siempre estuvo de lado de la burguesía y los grupos de poder, vuelve a rasgarse la vestidura; unos ejemplos de esa izquierda, sin irnos muy lejos: esa que gobernó con la dictadura de Velasco Alvarado, como el PCP Patria Roja y Unidad, el partido aprista y la izquierda tradicional encabezada por Hugo Blanco, Héctor Béjar. Luego Barrantes, que le regaló el poder a Alan García, para que gobernara el APRA en 1985 y con la dictadura de Fujimori en 1992. Esa izquierda traidora al pueblo, a las masas y a sus votantes, que volvió a coludirse con el fujimorismo en 2021, para que gobernara desde el Congreso. Ahora esta nueva izquierda, que logró pasar a la segunda vuelta y que en la primera negó el fraude de la japonesa, ahora a estas alturas reconoce que en esta segunda vuelta, ha habido fraude e impugna el conteo de las votaciones en algunos lugares del interior y el extranjero. Es que esa izquierda, que llama bruta y achorada a esa derecha, ¿piensa acaso que no se están insultando ellos mismos? No; ellos son parte de lo mismo y, cuando se oficialice el triunfo de la corrupta japonesa, no les quedará sino conciliar con ella, como siempre lo han hecho, y ese pueblo indignado que saldrá a las calles a marchar, a movilizarse una, otra vez, se resignará a regresar con sus muertos de donde vinieron. ¿O qué creen, que después de lo ocurrido a Castillo Terrones, el imperialismo, los grandes oligarcas le iban a entregar en bandeja el poder? No. "Si quieres el poder tienes que quitármelo, tienes que arrancármelo, con guerra, porque eso en lo que nos costó a nosotros; no una, sino varias guerras". Se lo están pidiendo.
Hemos publicado 15 artículos, respecto a no votar en estas elecciones, pero los dirigentes de IU han movilizado a las masas para hacerlo y desde aquí le decimos, como ya se lo venimos repitiendo, que quien "ganará" estas elecciones será la japonesa. El fraude ya está muy bien montado, como hemos dicho con mucha antelación. La cuestión es qué harán a partir de la investidura de la criminal. Las movilizaciones a partir de allí serán reprimidas brutalmente y habrá costos, más cuando alguien haga justicia de ellas; probablemente muchos de los culpables, de las anteriores muertes, más de 50 en 2022, como de las futuras, queden sin castigo y otros ya hayan muerto de viejos. Más el pueblo, las masas, seguirán protestando, orando, rezando, suplicando, poniendo los muertos, mientras los gobernantes pedirán una y otra vez, como lo hace el pueblo, que Diosito les ayude a gobernar.
Pero ha sucedido una cosa muy curiosa, cuando las elecciones venezolanas todos los países el mundo gritaron: ¡Fraude!, ¡Fraude! Pero en el Perú, todos los países del mundo ante la evidencia, callan, guardan silencio, un silencio cómplice. Un silencio, que pone en peligro, esa falsa democracia, llena de corruptos que poco a poco se va estrangulando con la soga que ellos mismos fabricaron. Una democracia, llena de criminales, que se van decapitando con la misma guillotina que ellos mismos construyeran. Ya que, como dice la canción: ¡Esta democracia ya no es democracia! Una democracia, que en el Perú nunca fue tal durante sus 204 años de república y que en el viejo mundo y en todo el globo esa falsa democracia dará inevitablemente a una nueva democracia.
Ya en pocas horas, tal vez días, el JNE se pronunciará a favor de lo que ya ha decidido el gobierno estadounidense, específicamente, Donald trump, que el que ha ganado las elecciones en el Perú ha sido la japonesa Keiko Sofía, Fujimori Higuchi; y esa izquierda acudirá a la investidura que se celebrará el 28 de julio de 2026 y a partir de allí conciliarán como siempre lo han hecho con esa derecha mafiosa, corrupta, criminal, genocida y vendepatria porque son de la misma calaña. ¿Qué hará el pueblo? ¿Qué harán las masas empobrecidas? Por un lado, como siempre, nada que no sea marchar hasta que se canse. Por otro lado, si no toda, un sector de esas masas, la más consecuente, que se organizará en torno a su vanguardia, en torno al proletariado bajo la dirección del Partido Comunista para integrarse a la guerra popular. El Estado, para esa guerra, buscará en el seno del pueblo, en el seno de esas masas, a sus aliados incondicionales de antaño y contactará para ello con el narcotráfico, con el comandante Huayhuaco, con las Rondas Campesinas, los Comités de Autodefensa (CAD), con los reservistas, con los Humala. Ya sabemos en que lado de la historia se pondrá toda esta cochinada. Historia en la que ya está escrita que solo con la guerra popular salvará al Perú.
Nuevas tareas, 21 de junio de 2026